Deportes
Aquel gol a los ingleses
Agencia La Oreja Que Piensa. Argentina 2011.(Por Roberto Fontanarrosa) (*)
"Una milésima de segundo después, la geometría del conjunto ya ha cambiado. El Negro Enrique, que estaba a su derecha, se escondió tras un rubio. El Burru dejó de estar junto a la raya y los dos grandotes se le cierran ahora por el medio.
Su computadora de última generación le ordena sacar la lengua y girar con el pie zurdo sobre la bola para salir disparado hacia otro lado. Lo hace así, y la pelota va tras él, magnetizada, como el papelito atraído por la energía estática de un plástico.
Ahora corre por la banda derecha, el pecho inflado, la pelota como si fuese una protuberancia natural de su tobillo izquierdo.
El culto a los héroes
Agencia La Oreja Que Piensa. Argentina 2011.Por Lorenzo Stanchina (De Corrientes y Maipú. Editorial Americana de Buenos Aires, 1960)
La laboriosa barriada de la Boca se aprestaba a celebrar con ritmo salvaje el triunfo del club de su advocación. El primer equipo de Boca Juniors, era ya virtual ganador del campeonato, pues aunque perdiera el último encuentro del fixture lo mismo se clasificaba campeón.
Faltaba aquella noche, todo el sábado y parte del domingo para que la Boca diese su espectáculo de fanatismo colectivo. Una frenética multitud se lanzaba a la calle a honrar a sus ídolos.
Diego Maradona
Agencia La Oreja Que Piensa. Argentina. (Por Eduardo Galeano)
Fue en 1973. Se medían los equipos infantiles de Argentino Junior y River Plate, en Buenos Aires.
El número 10 de de Argentinos recibió la pelota de su arquero, esquivó al delantero centro de River y emprendió la carrera.
Confesión del autor
Agencia La Oreja Que Piensa. Por Eduardo Galeano(*)
Como todos los uruguayos, quise ser jugador de futbol. Yo jugaba muy bien, era una maravilla, pero sólo de noche, mientras dormía: durante el día era el peor pata de palo que se haya visto en los campos de mi país.
Como hincha, también dejaba mucho que desear. Juan Alberto Schiaffino y Julio Cesar Abbadie jugaban en Peñarol, el cuadro enemigo.
Como buen hincha de Nacional, yo hacia todo lo posible por odiarlos. Pero el Pepe Schiaffino, con sus pases magistrales, armaba el juego de su equipo como si estuviera viendo la cancha desde lo más alto de la torre del estadio, y el Pardo Abbadie deslizaba la pelota sobre la línea blanca de la orilla y corría con botas de siete leguas, hamacándose sin rozar la pelota ni tocar a los rivales: Yo no tenía más remedio que admirarlos, y hasta me daban ganas de aplaudirlos.
Inmigrantes latinoamericanos y africanos: un plus esencial en el deporte europeo
Publicado por La Oreja Que Piensa. Julio 2009.








